¿Planes de pensiones privados?


¿Estamos locos o qué?

Las crecientes dificultades de la Seguridad Social para cuadrar sus cuentas han hecho que las entidades financieras intensifiquen sus ofertas de planes privados de pensiones, cuyo periodo de mayor actividad coincide con los últimos meses del año, cuando todavía es posible aprovechar las ventajas fiscales que ofrece este instrumento de ahorro a largo plazo.

Sin embargo, los planes de pensiones no atraviesan hoy por hoy momentos muy boyantes: según datos de la patronal del sector, Inverco, correspondientes a septiembre pasado, su rentabilidad media anual en la última década ha sido del 2,31%, menos de la mitad que si se amplía el periodo de cómputo a veinticinco años (4,78%).

 Los peores resultados se los anotan sin duda los planes de pensiones del sistema individual, que suelen promover las entidades financieras para todo tipo de personas físicas: los que tienen invertido su patrimonio en renta variable, por ejemplo, se han revalorizado un 1,36% de media anual desde 2007 y los de renta fija a corto, un 1,25%.
A esa rentabilidad puramente financiera hay que restarle las comisiones de gestión, que ascienden por término medio al 0,8% y constituyen una importante fuente de ingresos para la banca; así como el efecto de la inflación acumulada a lo largo de los últimos diez años, que ha sido del 12,1%.

Dicho esto, habría que ser muy lerdo para que un trabajador preste sus excedentes económicos a una compañía financiera de carácter privado, de la que tampoco tenemos garantías sobre su posible quiebra, pasadas unas décadas.

Si las pensiones pasan al ámbito privado, existen multitud de productos con mejores previsiones que la zarpa oscura de un banco. ¿Ejemplos? Pues el oro. Asegurarse el porvenir a base de acular pequeños lingotes es mucho más inteligente que dejarnos llevar por los cantos de sirena de aquellos que hoy gobiernan España, demasiado cercanos al gran IBEX 35 y a toda la trama de las empresas financieras…

Y si estás preocupado por la posibilidad de te roben hay dos soluciones muy efectivas. La primera es no ser un puto bocazas. Lo que tienes o dejas de tener se queda para tu intimidad. Así que olvida fardar de tus inversiones en el bar de la esquina.

La segunda solución es invertir un poquito en una buena caja fuerte empotrada y en un arma de cojones, de esas que te vuelan los huevos solo con que te roce la bala.

Pero insisto, lo más efectivo es mantener la jodida boca cerrada.

Seguiremos hablando de más opciones.

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