El PSOE del Generalísimo


De cómo el “infame” sirvió y sirve al dictador


Durante décadas, muchos españoles han mantenido la idea de que el PSOE  (partido socialista obrero español) es una fuerza que representa la ideología de izquierdas propiamente dicha, con todos sus paradigmas y la idiosincrasia que la caracteriza.

Sin embargo yo, desde hace años, vengo contradiciendo esa idea, advirtiendo que el señor Felipe González, histórico militante, expresidente de la nación y propulsor de lo que hoy se conoce como PSOE,  jamás se comportó como un hombre de izquierdas, sino como un simple capitalista neoliberal, autorizado por el dictador Franco, que quiso mantener a raya cualquier atisbo de cambio social hacia la izquierda cuando llegara el inevitable momento de su muerte. Felipe tan solo fue un mercenario fascista de corte moderado que jamás modificó una sola ley que pudiese tambalear la estructura oligárquica de las familias de la ultraderecha española, jamás se atrevió a imponer los dogmas de equilibrio, indispensables para que un sistema capitalista alcance cotas razonables de sostenibilidad. Por el contrario, dejó que las grandes corporaciones crecieran a la vera del erario público, ofreciéndoles beneficios fiscales, como los modelos de cotización SICAV y otras prebendas que huelga mencionar. No cabe duda de que esto y otras muchas cosas contribuyeron a una lenta degradación del entorno social y económico. Felipe González, a pesar de gobernar durante más de 13 años, nunca inició los cambios legislativos necesarios que pusieran freno al poder ilimitado de la banca y las familias que controlaban el gran capital, derivando en situaciones de injusticia social como las que hoy vemos a diario (Recomiendo lectura de ley concursal y del código civil). Felipe González olvidó que la democracia parida de la sobrevalorada Transición era tuerta, coja y olía a podrido. Nunca quiso tocar la ley de partidos, ni las reglas del juego parlamentario, ni la ley electoral, que lejos de ser un código representativo, favorece la permanencia del bipartidismo con la técnica seudototalitaria del recuento y adquisición de escaños por circunscripciones provinciales, tirando a la papelera decenas, incluso cientos de miles de votos que no logran sumar territorialmente las cotas exigidas. Felipe González hizo crecer a España bajo el tratado de Maastricht, que no fue más que la venta de nuestra capacidad de autosuficiencia a cambio de enormes cantidades de dinero para fomentar la no producción, la paralización de la potencia agro-ganadera y la deslocalización de nuestra industria.

Las leyes progresistas socialistas jamás tocaron a la iglesia y su abyecta forma de financiación. De hecho aumentaron su cuota de participación en lo público, tanto en el ámbito fiscal como en el ámbito registral. Dicho esto, podemos inferir la aprobación del divorcio, el aborto y otros indudables logros sociales como un intercambio aceptado en favor del silencio cómplice sobre los temas que de verdad importaban a las oligarquías fascistas; aquellas herramientas de control social basadas en la perpetuación del poder y el reparto desigual de la riqueza.

En el periodo transicional se fraguó el método al que yo llamo Hansel y Gretel, aludiendo al cuento popular, donde la bruja atrapa a los niños con suculentas golosinas. Aquella parejita ignorante no sabía que la intención real de la bruja era la de engordarlos para comérselos después. Así han actuado los grupos de poder con el pueblo español, y quién tenga ojos para ver, que vea: La liberalización de ciertos mercados sin que lleve pareja una regulación que ponga freno a la acumulación desmedida de poder, la venta de empresa pública con la excusa de nuevas inversiones, los programas de empleo público financiados con fondos de cohesión europea… Hubo muchas golosinas para un pueblo ignorante que no tenía la formación adecuada que le permitiera medir las consecuencias largo placistas. ¡Hemos picado como Hansel y Gretel!

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Pero ¿cómo el partido socialista consiguió engañar a tanta gente? ¿Cómo una bruja tan fea pudo hacerse pasar por una hermosa hada? Pues no es tan difícil, sobre todo si tenemos en cuenta que a quienes engañaban era a una sociedad que no tenía un concepto demasiado claro ni desarrollado del término “democracia occidental”. Viene a ser tan sencillo como convencer a un niño que jamás ha pisado el colegio del hecho mágico de que todas las nubes del cielo salen de las chimeneas de la casas. O voy más allá; de que esas nubes esponjosas son los restos de la respiración de Dios ¡Claro que te va a creer! Es normal, sobre todo cuando no tiene el más mínimo conocimiento de la naturaleza de los fenómenos meteorológicos ni de la realidad molecular del universo. Te creerá a pies juntillas, sobre todo porque la explicación suple sus expectativas y resuelve un conflicto. Igualmente, bajo la misma premisa del engaño manifiesto, los españoles creyeron a Felipe González. El infame rescató del armario de la dictadura el término socialismo, pero lo adaptó a las necesidades de la oligarquía española.

El partido socialista fue una herramienta franquista y Felipe González el actor autorizado. La forma de impedir una restitución de los valores de izquierdas era convencer a los analfabetos políticos en que se habían convertido los españoles por el largo periodo sumidos en el totalitarismo, de que dichos valores se suscribían a esa concepción del partido del puño y la rosa de la post dictadura. No fue más que artificio para párvulos.

Nada tiene que ver el PSOE de Pablo Iglesias, ese que se fundó hace 150 años, con la aberrada morfología que hoy nos presentan desde Ferraz. Es un insulto hacia la lucha obrera, hacia los paradigmas marxistas y la filosofía comunista el pretender hacerse pasar por socialistas cuando apenas llegan a neoliberales sin formación.

Los engañados, incluso ahora, tanto años después y visto lo visto, siguen sin tener claro que se les llegara a engañar. Se niegan a creerlo. Tiene que haber otra explicación, se dirán así mismos. Debe haber algo que resuelva el conflicto interno que me invade sin tener que recurrir a reconocer mi ignorancia supina. Algunos han interiorizado la idea de que el problema actual en el partido socialista es nuevo, que en cierta manera se ha pervertido el origen de su ideología, pero solo en los últimos años. ¡Pobres ilusos!

Llegados a este punto, y con la finalidad de razonar de forma seria la tesis que mantengo, creo fundamental exponer algunos estudios experimentales en psicología social basados en la creación y desarrollo de grupos humanos, en su vertiente de generación y mantenimiento de normas:

Los estudios sobre cómo se imponen y se mantiene las normas en los grupos se derivaron de estudios fisiológicos en el contexto de la estimación del efecto autocinético. Este efecto describe la ilusión perceptiva consistente en el movimiento aparente de un punto de luz en la oscuridad por parte de individuos o de grupos. Se estudió como los estándares perceptivos que los grupos establecían una vez eran expuestos de forma conjunta al estímulo, se replicaban en el tiempo y se usaban como base para las estimaciones individuales de los miembros del propio grupo o incluso de nuevos miembros sometidos al experimento. Dicho de otro modo; si el grupo decía haber visto que el punto de luz se movía dos metros a la derecha a una velocidad constante, los participantes que iban entrando en la habitación oscura para hacer su propia estimación se basaban en la percepción del grupo, ya fuera esta errónea o no. El individuo terminaba viendo no  la realidad estimular, sino aquello que subjetivamente le había informado el grupo.  Se trataba de mostrar el grado de persistencia de estos estándares de grupo. En el experimento final, solo un participante era ingenuo, y los restantes miembros eran cómplices del experimentador. Los cómplices le decían al participante ingenuo que habían percibido un movimiento mucho mayor al que habitualmente se percibía en la situación. Tras algunos ensayos, el participante ingenuo daba una estimación semejante a la del grupo. Había empezado a ver cosas que no eran objetivamente reales y se estaba adaptado a la realidad que el grupo había creado para él.

 Pero el experimento fue un poco más allá. Poco a poco se fueron sustituyendo uno a uno a los cómplices hasta que solo había sujetos ingenuos. Sin embargo la norma continuó estable. Gradualmente se siguió sustituyendo a individuos ingenuos por otros igualmente ingenuos, y solo hasta llegar a la sexta generación de individuos experimentales, la norma establecida inicialmente de manera artificial, y que era una norma objetivamente falsa, empezó a desaparecer. Por fin, poco a poco, los individuos empezaron a informar sobre el movimiento del estímulo con una aproximación mucho más parecida a la realidad. La norma de grupo se diluía.

Hicieron falta seis generaciones de individuos, una vez eliminados todos los cómplices, para que la norma grupal decayera en favor de la individual y empezaran a replantearse las estimaciones.

 Posteriormente, en una Universidad americana, se replicó el experimento, pero esta vez bajo un contexto político. El resultado fue similar. ¿No les parece espeluznante?

A finales del siglo XX el psicólogo Mc Dougall definió al grupo como un sistema organizado de fuerzas que tiene vida propia, un poder de moldear a todos los componentes individuales y un poder de perpetuarse como un sistema idéntico a sí mismo, sujeto sólo a un cambio gradual. Es patente que dicha definición quedó refutada con los experimentos expuestos.

Más duro fue LeBon, en su obra “Psicología de Masas” definiendo el comportamiento de grupo como la eclosión de un “alma colectiva” dotada de unidad psicológica, en la que se da una degradación del comportamiento del individuo, que se hace irracional y emocional, a través de mecanismos como la sugestión y el contagio.

Pues bien, ajustándonos a lo descrito podemos empezar a entender lo que ha ocurrido con el PSOE y su relación con la sociedad post franquista. La norma establecida por aquellos transicionales constitucionalista sobre lo que debería ser la nueva izquierda, una norma que se le insufló a analfabetos políticos, era una norma perversa, que solo tenía como objetivo desviar el criterio de la sociedad hacia el mantenimiento de un concepto neoliberal y capitalista de la existencia. El socialismo original, aquel socialismo fundado por Pablo Iglesias en años de la República,  no tiene nada que ver con aquello que se le dijo al pueblo español que era el socialismo. La norma fue manipulada por las oligarquías franquistas, y solo hasta haber transcurridos varias generaciones, cuando los nuevos individuos han tenido una base formativa más amplia y han podido disfrutar de un mundo mucho más global para poder hacer comparativas sobre lo que es o no es socialismo, libertad y democracia, solo entonces se han empezado a percatar de la gran mentira que representó el señor Felipe González y su herencia envenenada. Mientras tanto actuaron no como individuos inteligentes, sino como masa, con esa degradación del comportamiento y la irracionalidad de la que hablaba LeBon. Esa misma degradación puede percibirse en el grupo actual que conforma el PSOE, con comportamientos que nada indican el más mínimo atisbo de inteligencia, ni emocional ni política ni científica. Son más parecidos a una masa de hinchas sin escrúpulos, donde quizá muchos de ellos aún no han percatado de que la verdadera naturaleza del conflicto no reside en un posible pacto con nacionalistas e independentistas (no sean estúpidos, eso ya lo hicieron tanto Felipe como Aznar en varias legislaturas). La verdadera razón del conflicto reside en que el PSOE no puede ser el artífice de un gobierno nacional de izquierdas que se salte los límites, las líneas rojas que le impuso el dictador Francisco Franco y sus oligarquías presentes en nuestra sociedad.

La ruptura en la izquierda española, desde el nacimiento de Podemos hasta la hecatombe Socialista a la que hemos asistido en los días pasados, era algo absolutamente predecible. El objetivo primigenio de Felipe González se ha cumplido a rajatabla, extendiendo los organigramas de poder de la dictadura franquista otros 40 años tras la muerte del dictador que lo autorizó (Vean el comportamiento actual del señor González, atravesando continentes para defender a familias de neonazis).

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Así hemos llegado al siglo XXI, con unas leyes procesales que protegen a las grandes mafias financieras en detrimento de los intereses generales, una ley electoral poco o nada representativa, un sistema judicial ligado al poder político hasta límites indecentes, una estructura militar que sigue conservando demasiadas reminiscencias fascistas, una iglesia que recibe ingentes cantidades de dinero público, además de disfrutar de leyes a medida para que puedan inmatricular bienes a diestro y siniestro (vigente hasta 2015), regalándoles así uno de los mayores pelotazos inmobiliarios de la historia, una desprotección social propia tan solo de países tercermundistas, decenas de miles de políticos blindados judicialmente bajo el modelo de aforamiento, una jefatura de estado que se hereda por derecho espermático dentro de una familia de corruptos y amigos de países que financian el terrorismo internacional, cientos de indultos a narcotraficantes y criminales de toda índole,  expresidentes de gobierno que juraron servir al pueblo, pero que, extrañamente, una vez terminada su etapa pública, ahora trabajan para el IBEX 35 con intereses contrapuestos al bien común , y finalmente, como no, una serie de políticas exteriores que siguen dando largas a problemas descomunales de carácter global, como la degradación de las economías mundiales a través del modelo Paraíso Fiscal.

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Hoy, el PSOE se desangra por dentro. Pero eso ya le da igual al “infame”. El objetivo, como he dicho, está cumplido. El neoliberalismo terminará de fracturar la sociedad hasta cotas insospechadas hace tan solo unos años. Tras esa fractura, la reconciliación o la reconstrucción del estado del bien estar será tarea imposible, al menos no bajo la vía pacífica.

Bienvenidos a la nueva era Feudal.

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Mario López

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