Fabricando Idiotas 1º Parte


Vivimos un tiempo fascinante. Los acontecimientos indican que estamos a punto de presenciar un cambio socio-político y cultural de una trascendencia igual o superior a la revolución industrial de principios del siglo XX. Ahora bien, que considere la circunstancia como fascinantes no quiere decir que obvie sus sombras. Y entre esas sombras que se ciernen sobre nuestras cabezas no solo está presente el peligro de colapso y autodestrucción global, sino también el extraño comportamiento que caracteriza a buena parte de la penúltima generación nacida, incapaces de superar las tendencias hedonistas innatas que la naturaleza les otorga.

Vayamos a los ejemplos concretos, que siempre favorecen la compresión del análisis teórico. Pongamos por caso el movimiento Yayo-Flauta. ¿No os parece, cuanto menos llamativo, que esas personas _octogenarias en muchos casos_ se vean solas ante los cordones policiales? Y me explico ¿Dónde están sus nietos?

Otro dato llamativo es la media de edad que presentan los integrantes de las formaciones políticas más activas y revolucionarias del momento _35 años_ ¿Puede alguien explicarme dónde están los chicos de 18,20 y 25 años?

Estos datos no deben mal interpretarse, pues se basan en generalizaciones que siempre son contradichas por sus excepciones. Pero la realidad es que, estadísticamente hablando, estamos ante una ausencia anormal de los más jóvenes en el discurso y la lucha que se avecina. ¿Por qué?

Existen muchas teorías. Entre ellas algunas poco desarrolladas y propias del lenguaje coloquial de barra de Bar tras unas cañas con pincho de tortilla, donde básicamente se describe a esa generación de jóvenes como egoístas patológicos, poco comprometidos y que no saben apreciar lo mucho que tienen, además de haber perdido los valores, priorizando el disfrute inmediato a la responsabilidad que conlleva una buena planificación vital a medio y largo plazo. ¿Hasta qué punto es esto cierto?

Los datos objetivos podrían validar la teoría, pero claro, estos datos los presentas personas que de científicas tienen poco o nada, por lo que el principal componente en la obtención de las cifras es el sesgo, basado en esquemas y ejemplares muy subjetivados que no dudamos en utilizar para validar nuestras creencias establecidas y esquivar la disonancia cognitiva, además de agilizar los procesos de análisis y compresión del mundo que nos rodea, pues de otra forma saturaríamos nuestro sistema nervioso central. En fin, palabrería de chiflado que es mejor descodificarla a un lenguaje más mundano, ¿no creen?

Para llegar a conclusiones algo más exactas debemos analizar con cuidado el comportamiento humano en todas sus vertientes y la posibilidad de que dicho comportamiento sea manipulado de forma intencionada y con fines precisos. Imaginen por un momento que la actitud de la generación a debate, al menos la parte más pasiva de su actitud con respecto a los problemas del entorno más inmediato, estuviera siendo objeto de control remoto ¿Es eso posible o solo forma parte de la conspiranoia?

Yo no voy a darles la respuesta exacta. Tan solo presentaré datos que puedan ser evaluados e inferidos a la situación actual. Tras su lectura, ustedes juzgarán.

oh-y-drogasVayamos por partes. En cierto modo, de la juventud siempre se ha hablado de la misma forma. De hecho, Sócrates ya dijo; Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros.” Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”

Es evidente que bien podría aplicarse ambas frases a cualquier instituto de enseñanza secundaria del siglo XXI, por tanto, este dato vamos a obviarlo, debido a que se nos presenta no como una “variable”, sino como una “constante” que en nada modifica la naturaleza del joven de hace 2.000 años al del joven de hoy, ya que dentro del desarrollo fisiológico de nuestro sistema nervioso central, estos comportamientos son solo la deriva de cambios metabólicos y estructurales. Después la tormenta pasa…y bueno, el resultado, como todos observamos en los demás, es variopinto.

Entonces ¿qué diferencia estamos buscando? Como dije al principio de este texto, precisamente lo más llamativo de la generación actual, no es su insolencia, sino la ausencia de insolencia cuando se aplica al análisis y la crítica del sistema establecido. Existe un cierto conformismo, una apatía cronificada no cuando se trata de poner en cuestión al sistema, sino cuando se trata de actuar contra él. La capacidad de rebelión ha sido sustituida por otros elementos, pero ¿por cuáles? Aunque la respuesta parezca espeluznante, en principio todo indica que tendemos al abatimiento, al conformismo, al “esto es lo que hay”. Pero ¿cómo consigo que la insolencia inherente en el desarrollo humano se transforme en conformismo? Evidentemente la única respuesta posible es la manipulación activa del sistema nervioso central.

Voy a hablarles ahora de un experimento que se llevó a cabo por Miller, Monin y Prentice, en el año 2000, y que versaba sobre el papel que juega un fenómeno conocido como “ignorancia pluralizada” sobre la actitud hacia la bebida en grupos de estudiantes: Los resultados demostraron sin lugar a dudas que los estudiantes, previamente, estaban en contra del consumo exagerado de alcohol. Eran conscientes de sus efectos negativos y de lo absurdo de la repetición del comportamiento de ingesta masiva cada fin de semana. Pero ¿qué ocurría cuando se les planteaban las mismas cuestiones en público? Pues, “misteriosamente”, defendían la toma exagerada de bebidas, y lo hacían sin concesiones de ningún tipo. La respuesta se polarizaba. ¿Por qué? Pues porque creen, falsamente, que la mayoría de las personas de sus grupos están a favor de ese tipo de actitudes. No hace falta que expliquemos en detalle el efecto; todos beben, sin estar de acuerdo con la forma de beber, porque todos creen que todos lo ven bien. ¿Y qué joven está dispuesto a enfrentarse a su grupo de una forma tan directa, arriesgándose al rechazo social? Esa actitud valiente, de hecho, violaría principios fundamentales biológicamente marcados en nuestro ADN para ayudarnos a sobrevivir en el entorno; “la necesidad de afiliación”, que en las primeras etapas del desarrollo pro-social, no es opcional para el individuo.

Los resultados de este experimento son extrapolables a otras muchas conductas. Pero vamos a quedarnos con la ingesta masiva de alcohol. ¿Alguno de ustedes, lectores, serían capaces de negarme la forma directa en que los gobiernos han estado colaborando para convertir el consumo de bebidas de alta graduación en un acto socialmente aceptado? ¿Hemos olvidado planes municipales, a lo largo y ancho de nuestra nación, como el de los famosos y abyectos botellódromos? Existe una clara tendencia legislativa que ha regularizado estas conductas, que ahora pretenden ser reprimidas con la prohibición en espacios urbanos, trasladándolas a espacios marginales, y agravando, aún más si cabe, el desastre originado. “Al monstruo le están saliendo muchas cabezas y hay que cortar algunas”.

Ahora bien ¿qué efectos tiene el consumo regular de alcohol en el organismo adolescente?

Al ser un depresor del sistema nervioso central, lentifica funciones cognoscitivas (percepción y juicio), motoras (equilibrio y reflejos), y emocionales (sensatez y madurez).

El patrón de consumo intensivo en jóvenes de inicio temprano afecta a su cerebro a nivel estructural y funcional.

Entre los cambios estructurales, un menor volumen en el hipocampo, una estructura alucinacionespecialmente plástica, y por tanto vulnerable, fundamental en la memoria y el aprendizaje, según han podido comprobar en un estudio llevado a cabo con universitarios. Los efectos eran detectables al año de iniciar el estudio. También se altera la corteza prefrontal, la parte más evolucionada de nuestro cerebro donde residen “las funciones más humanas”. Esta zona se encarga del control de la conducta “a muchos niveles. Por ejemplo es esencial para corregir el comportamiento cuando estamos equivocados, o el control motor.

Cuando se inicia su consumo antes de los 18 años aumenta 5 veces la probabilidad de que se genere una adicción. Ha sido asociado con muertes por suicidio. Afecta la absorción de nutrientes en el intestino delgado siendo esto contraproducente para el período de crecimiento. El alcohol incrementa la vulnerabilidad de los jóvenes frente al consumo de otras sustancias adictivas. El inicio de consumo de alcohol en la adolescencia incrementa 4 veces la probabilidad de padecer trastornos de personalidad e incrementa al doble el riesgo de ser alcohólico antes de los 24 años.

¿Hace falta que siga?

Por tanto volvamos al principio. ¿Es posible que el diferencial de conducta entre la insolencia inherente del adolescente tipo, al conformismo patológico del joven actual esté relacionado con una actividad legislativa de nuestros gobiernos hacia la normalización de determinadas fórmulas de ocio? En mi opinión la respuesta es un claro sí. Existe y puede verificarse una influencia directa de la norma social en un detrimento de las capacidades intelectuales y cognitivas de nuestros jóvenes. Pero ya saben, ustedes también pueden juzgar.

Más adelante analizaremos la situación desde el punto de vista familiar y grupal…

 Mario López

Piratas de Extremadura

alcohol

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s