¿Y tú de quién eres?


populismo_llEl resultado de las últimas elecciones Italianas, ante todo, ha puesto de relieve el creciente rechazo del pueblo europeo al Sistema de  castas políticas que impera en el continente. El susto ha sido mayúsculo, y los Partidos tradicionales de “derechas e izquierdas” se han apresurado a lanzar una advertencia de inclinación hacia el “populismo”.  Sin embargo esa advertencia, según mi criterio personal, responde más a una estrategia de guerra que a una realidad subyacente en los procesos electorales democráticos.

Acusan a todo aquel que se sale de los parámetros convencionales de las políticas internacionales como “antisistema” o “radical”. No solo ocurre en Italia, sino que de forma preventiva los medios españoles, con contertulios y representantes políticos a sueldo, están inundando las cadenas televisivas con el mismo mensaje viral: ¡Cuidado, que llegan los antisistema! Y así se hará en todos y cada uno de los países que conforman la Unión Europea. Tiempo al tiempo.

Que la estrategia funcione depende únicamente de cada uno de los ciudadanos. En nosotros está seguir anclados en unos paradigmas, que visto lo visto han ofrecido pésimos resultados, o en tener la valentía de seguir el camino que nos dicta la conciencia.

En primer lugar, y para no caer en la propaganda maliciosa, hay que definir que es hoy en día un Antisistema:

Partamos de la base de que el “Antisistema” tiene un antónimo o contrario, que es el “Prosistema”. O dicho de otro modo; si no eres Antisistema eres Prosistema, al igual que si eres honrado entonces no eres un ladrón.

El Prosistema defiende la estructura social actual; o sea, defiende la corrupción generalizada en la casta política, que es mucho más que una realidad aun sin tratar, la intromisión de esta misma casta en los órganos jurídicos, la manipulación y utilización maliciosa del sistema financiero, la violación de los derechos humanos, la imposición de las grandes multinacionales al sistema de microempresa, más justo, ágil y productivo, la manipulación de los programas educativos por entes políticos, la privatización masiva de los bienes de primera necesidad, la explotación del planeta y sus recursos naturales hasta su extenuación…El Prosistema parece sentirse a gusto dentro de esta selva, a la que llamamos civilización, y que tiende a una individualización progresiva basada en el crecimiento económico infinito y a la consecuente deshumanización involutiva. Sin embargo el Antisistema recela de todo esto, y por ende quiere su liquidación, a pesar de que el cambio dramático en nuestros paradigmas conlleve convulsiones sociales momentáneas y periodos de incertidumbre. Pero ante todo, y como no puede ser de otra forma, el desarrollo de la humanidad y su prevalencia sostenible en el planeta es un objetivo irrenunciable. Si no podemos cambiar, a lo mejor no merece la pena nuestra supervivencia como especie.

Lo curioso es que ciertos partidos políticos, que hoy se posicionan como Prosistema, hayan olvidado su pasado más próximo y las razones de su existencia. El PSOE es un buen ejemplo, al que quizá haya que recordarle la etapa franquista, en la que ellos fueron los Antisistema. Entonces se luchaba contra un régimen impuesto por élites militares y financieras. ¿Acaso no les recuerda eso a lo que hoy ocurre en la vieja Europa, donde se han llegado a liquidar gobiernos elegidos por el pueblo, en sufragio universal, imponiéndose más tarde a tecnócratas venidos desde las sedes de Bruselas?

¿Antisistema o Prosistema? ¿Cambiamos el mundo o lo dejamos como está? ¿Rebelde o cómplice? Usted elige. Solo le ruego que no se deje engañar por las viejas estrategias del miedo. Los partidos tradicionales, manipulados y controlados por las élites financieras europeas, están aterrados con la posibilidad de una pérdida de poder repentina, acaecida por el crecimiento de nuevas formaciones políticas. Pero no lo olvide; solo es una cuestión de vanidad, sin más relevancia para ellos que la pura y simple avaricia enfermiza. Su futuro, el de sus hijos, y el de la humanidad como especie, les trae sin cuidado.

Mi última reflexión la quiero centrar en la definición del discurso populista. Anteriormente lo he mencionado de pasada, pero sin adentrarme en lo que significa realmente este ejercicio político:

A los “Antisistema” nos tachan precisamente de eso, de llevar en nuestros programas electorales discursos populistas, que vendría a ser algo así como aprovechar la circunstancia para decirle a la gente lo que quiere escuchar, por muy utópico o descabellado que resulte la materialización de lo dicho. ¿Les suena de algo esta técnica? Pero claro, los individuos afines a los partidos tradicionales olvidan la faceta más importante del discurso populista, y que es determinante para identificarlo: Para acusar de populismo a alguien, primero ese alguien tiene que traicionar lo dicho en su programa electoral. Y para hacer eso hay que ganar unas elecciones. Si las formaciones Antisistema exponen sus idearios y los siguen a rajatabla, (por muy descabellados que pueda sonarle a los opositores) no podemos hablar de populismo, sino de sinceridad y fidelidad a los principios democráticos. Pongamos como ejemplo lo descabellado que sonó en su día el sufragio universal, que hasta el PSOE votó en su contra en el parlamento republicano. Pero al final la cordura se impuso, y aunque durara la cosa poco tiempo, como consecuencia del golpe Franquista, el hombre y la mujer pasaron a ser iguales en su derecho a decidir. ¿Qué podemos aprender de esta experiencia? Pues que lo que para algunos suena a descabellado,  a veces es lo más cuerdo.

Tanto el PP como el PSOE, ganadores de varios procesos electorales, sí pueden ser acusados de populismo desvergonzado. Quiero empezar recordando la forma en que el PSOE ha explotado los principios de izquierdas para hacerse con el voto progresista, aunque nada más llegar al poder legisló con criterios neoliberales. Vendieron el total de nuestro país a grandes corporaciones mafiosas, y lo hicieron agazapados bajo la embriagadora anestesia de unos derechos individuales de los que apenas unas pocas minorías pueden beneficiarse. O sino seguimos con el Pp, que antes de alzarse al poder en esta última legislatura promulgó a los cuatro vientos unas políticas que jamás llevó a cabo. De hecho ha actuado de forma contraria a lo dicho ¡Eso es populismo! ¡Populismo al más puro estilo fascista! Y España lleva gobernada por populistas más de 35 años.

¿No es hora de mandarlos a casa?

Mario López Sánchez (Vocal de Piratas de Extremadura)

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