Los Neutrinos de mis sueños


¿Por qué tanta cautela?

Tras la experiencia Internacional Opera los científicos quedaron asombrados con la posibilidad de que las mediciones fueran correctas. Al parecer unas partículas llamadas neutrinos habían viajado desde las instalaciones CERN en Ginebra, hasta el laboratorio subterráneo de Sasso en Italia, a una velocidad de 300.006 kilómetros por segundo. ¿Y qué significa esto? Pues en cierto modo que alcanzaron su destino un poco antes de salir. En el sentido literal de la frase; viajaron en el tiempo.

La velocidad de la luz, que Albert Einstein había catalogado como la barrera infranqueable, acababa de ser superada por unas partículas elementales presentes en todo el universo.

Los científicos partícipes en el experimento, como los especialistas en la materia, se lanzaron a hacer todo tipo de especulaciones, desde las más inspiradas y optimistas hasta las más negacionistas. Puede que haya errores en los cálculos, mencionaron algunos. De hecho existe cierto grupo de físicos que no quiere ni tan siquiera oír hablar  de que la velocidad de la luz haya sido superada. ¿Y por qué?, nos preguntamos los profanos en la materia. ¿Qué puede tener de malo que ese raro bichejo inanimado llamado neutrino se mueva por encima de la inimaginable velocidad de la luz?

Curiosamente existe cierta reticencia al respecto, ya no por lo improbable del evento, sino más bien por las consecuencias que el mismo tendría en los círculos de la Física. Para empezar el mundo que conocemos y toda su estructura quedaría en entre dicho. Algo así como aquellas palabras de Calderón; “La vida es sueño”. Aceptar la posibilidad de que en un futuro pudiéramos aplicar nuestros conocimientos científicos para saltar por encima de la velocidad de la luz implicaría dar por ciertos los viajes en el tiempo; algo que Einstein consideró imposible precisamente por esa barrera infranqueable que suponía la velocidad de 300.000 kilómetros por segundo.

Sería largo de explicar cómo la velocidad incide en las estructuras del espacio y el tiempo, como consigue deformarlas, ralentizarlas e incluso hacerlas retroceder. Pero para que se hagan una idea pormenorizada, si usted viaja en una nave a una velocidad de, por ejemplo, la mitad de la velocidad de la luz, el tiempo transcurrirá para usted mucho más despacio, mientras que los observadores, desde su punto de vista, no notarían diferencia alguna. Dicho de otro modo, si usted tuviera un gemelo que se quedara en la tierra mientras se da un paseíto de un par de años en su nave espacial a esos 150.000 kilómetros por segundo, cuando usted volviera a la tierra, su gemelo habría envejecido 50 años, mientras que para el viajero intergaláctico solo habrían transcurrido 730 días. Se encontraría con un hermano gemelo lleno de arrugas y achaques, cuando para usted solo habría transcurrido un par de navidades.  A medida que aumentamos la velocidad el tiempo se ralentiza, hasta alcanzar la velocidad de la luz, en la que el tiempo se detiene. ¿Y saben que pasa si se supera esa velocidad? Pues que el tiempo empieza a retroceder. ¡Alucinante para el 99,9% de las mentes! Pero así es. Si el viajero espacial superara los 300.000 kilómetros por segundo retorcería de tal forma la estructura del tiempo que conseguiría trasladarse años atrás de su propio nacimiento. ¡Y lo mejor es que no es una fantasía!

Para muchos físicos esta posibilidad es aterradora, supongo que por la comodidad que representan esos límites impuestos, como los de la Teoría de la Relatividad. Considerar factible un mundo tan moldeable es poco menos que afrontar la vida como una especie de sueño extraño, donde los humanos imaginamos como trascurre un tiempo que en realidad no existe, sino que solo es fruto de nuestro punto de vista respecto a la posición y velocidad que ocupamos en el infinito del Cosmos. ¡La Vida es Sueño, señores! Y puede que el tiempo solo sirva para encadenarnos a esta existencia aterradora que nos obliga a nacer y morir, a crecer, envejecer y despedirnos de todo lo que amamos. Pero si el tiempo en realidad no es más que el fruto de nuestra perversa imaginación. ¿Qué pasa en el último instante de la vida? ¿Y si es entonces cuando comprendemos la verdadera estructura del universo y el significado de eternidad? ¿Es que acaso no somos en esencia una sutil energía que se mueve como impulsos eléctricos contenidos en el recipiente físico del cuerpo? ¿No sería posible que esa energía fuera la que nos contenga como seres conscientes, y no la consciencia la que genere esa energía? ¿Qué pasaría entonces si lo que somos, una vez liberado, tiene la increíble capacidad de moverse a velocidades tan absurdas como la de la luz? El tiempo dejaría de tener sentido, y lo que fue ayer y lo que será mañana se fusionarían en un mismo instante eterno. Quizá sea de eso de lo que hablan todos los textos sagrados del mundo; una fusión con el todo y un instante infinito, sin tiempo. Es posible que esos neutrinos tengan la respuesta. O puede que no. Poco importa, pues de lo que se trata es de soñar: Soñar y soñar hasta lograr no despertar…

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